El desarrollo político,
social y económico costarricense ha mostrado a lo largo de su historia,
rasgos que le han permitido lograr importantes conquistas sociales que
muchos de los países del área no han alcanzado.
A finales del siglo XIX,
una vigorosa distribución de tierra permitió que el país
contara con muchos propietarios y productores, lo que en buena medida democratizaba
el ingreso y los beneficios del modelo productivo de aquel entonces, sin
negar claro está, que existía una marcada pobreza en el grueso
de la población.
En los años 40 del
siglo XX y como producto de la gesta de miles de costarricenses, se aprueban
las Garantías Sociales, las cuales fueron respetadas y fortalecidas
por el bando ganador de la guerra de 1948. En 1949 se proscribe el ejército,
e inicia un fructífero periodo de desarrollo y distribución
de la riqueza no exento de contradicciones, pero en el que vale destacar
la ampliación y democratización de la educación, el
acceso a servicios de salud, telecomunicaciones, agua, electricidad, banca
y tantos otros que era tutelados por el Estado costarricense.
A finales de los años
70 la bonanza del Estado Benefactor entra en crisis -o se la hace artificialmente
entrar en crisis- y da inicio un periodo en el que se procura cambiar el
modelo de desarrollo, articulándolo a la economía mundial,
abriendo la economía, privatizando servicios públicos, y
concentrando la riqueza en muy pocas manos. Este pulso por subirnos al
tren de la globalización tiene claros ganadores y perdedores, usted
sabrá identificarlos muy bien; sin embargo, a lo largo de estos
últimos 30 años, una suerte de empate político destaca
entre quienes apoyan la apertura y venta de activos del Estado, y quienes
exigen un Estado solidario que impulse y garantice el desarrollo de la
mayoría de la población.
En el año 2000 con
las luchas contra el Combo del ICE, la población costarricense dejó
en claro la necesidad de defender la institucionalidad de nuestra patria.
Decenas de ejemplos por toda la región, demostraban lo nefasto de
la privatización, de la apertura de servicios, y de una articulación
poco reflexiva con la globalización neoliberal que impulsaba el
individualismo y el éxito personal.
No habían acabado
aún de asimilar la derrota infringida por parte pueblo costarricense,
cuando ya la clase dominante tejía la nueva red política
y militar para apropiarse de la riqueza de los costarricenses, en esta
ocasión bajo el nombre de Tratado de Libre Comercio, en claro asocio
del Gobierno de los Estados Unidos de América y de otros grupos
dominantes de Centro América.
La gesta que cientos de miles
de costarricenses retomamos en estos días es continuidad de la guerra
contra los filibusteros, de la guerra del 48, de las luchas contra ALCOA
o contra el Combo por solo citar unas cuantas. Lo que está hoy en
juego, es mucho más que lo que llevó a nuestros abuelos a
la guerra de mediados del siglo pasado.
Este TLC nos roba y compromete
el futuro y la dignidad, los diferentes estudios demuestran todas las limitaciones
productivas que tendremos; el aumento en el costo de las medicinas, electricidad
y telecomunicaciones; la desaparición de nuestros campesinos; la
explotación laboral que sufrirán nuestros trabajadores; el
riesgo de ser productores y consumidores de armas de guerra, y la lista
de inconvenientes se hace tremendamente larga y compleja como para señalarla
en su totalidad.
Hoy estamos llamados a defender
la patria, a exigir nuestros derechos. A decir “esta Costa Rica es
para todos y todas, y no para un grupúsculo de neoliberales”. La
lucha contra el TLC, es la lucha por nuestra dignidad, por nuestro futuro,
por el futuro de los que ya nos pisan los talones y que también
tienen derecho a esperanza y a un mundo digno.
La patria, la democracia,
la igualdad, la justicia y la ciudadanía, la construimos todos.